Este filósofo pertenecía a una familia aristocrática, es decir, no era muy favorable a la democracia, y antes de ser seguidor de Sócrates, fue educado por los sofistas.

Al contrario que la gran mayoría de sus predecesores, Platón sí dejó por escrito su legado intelectual, pues plasmó su doctrina en sus diálogos. Estos diálogos estaban siempre protagonizados por Sócrates, su maestro, que aplicaba la mayéutica mientras conversaba o bien con los sofistas, o con sus propios discípulos. Los temas de los diálogos eran de lo más variado, hablaban del amor, la amistad, la belleza, la justicia, la verdad o de cómo debería organizarse políticamente la pólis.

‘La República’

Quizá el más relevante de sus diálogos sea el de ‘La república’. Este libro describe, entre otras cosas, como debería ser el gobierno ideal de una ciudad. Platón nos cuenta en este diálogo que para que una sociedad funcione conforme a la razón, todos los individuos deben supeditar su propio bien al bien del estado. Esto implica que cada cual, conforme a sus capacidades, debe desempeñar un rol social preestablecido. Platón pretendía dividir a la sociedad en tres clases sociales inamovibles, cada una de ellas con su propio papel a desempeñar:

  1. La clase superior, la de los filósofos, habría de tener la labor de gobernar la ciudad justamente.
  2. La segunda clase sería la de los guardianes o guerreros, a los que se les encargaría la misión de defender a la pólis y sus habitantes.
  3. La tercera clase social sería inferior y estaría conformada por las personas menos capaces, que se encargarían de realizar las labores productivas y de mantener a las otras dos clases sociales anteriormente vistas. En esta sociedad ideal, los menores serían propiedad del estado, que se encargaría de su manutención y de educarles para que en el futuro desempeñasen correctamente sus roles. En la República no existiría la propiedad privada, sino el comunismo de bienes.

Platón, que se congraciaba con un tirano de la Magna Grecia, tuvo la ocasión de aplicar estos principios en Siracusa, pero el experimento terminó con Platón exiliado y amenazado de muerte.

‘La República’ también es célebre por contarnos en sus páginas el mito de la caverna. Platón se vale de este mito para explicarnos su doctrina sobre el mundo de las ideas. El mito nos cuenta que estamos encerrados en una caverna, que representa la cárcel que supone para el alma el cuerpo físico. En las paredes de la caverna podemos ver sombras moverse, que serían las cosas que percibimos con los sentidos, los cuales están representados en este mito por unas cadenas. Para Platón, las cosas que percibimos con los sentidos no son verdaderas, son representaciones de una realidad llamadas ideas. Estás ideas se encuentran fuera de la caverna, en el ya mencionado mundo de las ideas, y proyectan su sombra en las paredes. El hombre, que está encerrado, tiene que asumir que sus sentidos le engañan, que esas sombras no son más que ilusiones. Solo así se romperán las cadenas y podrá salir al exterior a contemplar la verdad.

Bibliografía recomendada

Platón, sin duda alguna, es de los mejores autores que hay para iniciarse en el estudio de la filosofía. Sus Diálogos son una lectura tan amena como enriquecedora, pues su valor literario está a la altura de su valor filosófico. Aparte del diálogo de ‘La República’, del cual ya hemos hablado, es recomendable leer ‘El banquete’ y ‘La apología de Sócrates’. El primero trata sobre el amor y la belleza (¿os suena eso del amor platónico?) y en el segundo narra el juicio a Sócrates.