Tomás de Campanella con su Ciudad del Sol le dio una vuelta de tuerca más al género útopico. La influencia de Tomás Moro en él es innegable.

Al igual que la obra de Maquiavelo y Moro, la de Campanella es fruto de sus circunstancias. Vivió durante casi toda su vida en el Reino de Nápoles, que por aquel entonces pertenecía a la Corona Hispánica, que junto al Reino de Francia era el estado con más influencia en la Italia de la época. Este filósofo conoció bien los calabozos de la Iglesia Católica, que lo acusó de prácticas mágicas y heréticas, y los de los españoles, contra quien protagonizó revueltas. Pese a sus conflictos con la corona española, tenía esperanza de que algún día los españoles usaran su poder para implantar las doctrinas con las que promulgaba en su imperio, pero fue finalmente en la corte francesa donde Campanela encontró su lugar. Gozó del favor de los más poderosos de Francia, que lo consideraban un sabio sin parangón.

Al igual que Utopía, La Ciudad del Sol de Campanella hace referencia a una ciudad ideal que se encuentra en una isla apartada y protegida de las influencias del mundo. También existe aquí la igualdad social entre los ciudadanos, pero esta igualdad social no se traduce en igualdad política. La Ciudad del Sol es una monarquía teocéntrica. Está gobernada por un rey sacerdote al que se le conoce como Sol. Sol es un filósofo que concentra en su figura todo el poder terrenal y espiritual. Este rey sacerdote esta asistido por sus ministros Potestad, Sabiduría y Amor, que desarrollan tareas destinadas a potenciar los bienes que llevan su nombre.

En esta ciudad también podremos encontrar funcionarios que luchan contra los vicios y defienden las virtudes. Cada funcionario lleva el nombre de la virtud por la que vela: están Castidad, Sinceridad, Gratitud, Caridad, Justicia y Piedad entre muchísimos otros.

La estructura física de la ciudad nos habla de la pasión que sentía Campanella por la magia y la astrología. Esta urbe estaba edificada encima de una colina y estaba compuesta por siete niveles que se elevaban hasta el cielo. Estos niveles se correspondían con los planetas del Sistema Solar conocidos por aquel entonces y estaban rodeados por grandes murallas. Sobre el último nivel de la ciudad se erigía un templo redondo sostenido por gruesas columnas. En la bóveda del templo estaban representadas todas las estrellas y constelaciones