A grandes rasgos, a lo que se dedicaban los sofistas era a acumular conocimientos para posteriormente comerciar con ellos; se dedicaban a la enseñanza.

Cuando escuchamos la palabra sofista no podemos evitar relacionarla con conceptos bastante negativos como hipocresía, oportunismo, mentira, falsedad y un largo etcétera. Esto es debido a que lo poco que sabemos de ellos es lo que nos dejaron por escrito sus más acérrimos rivales. Pero la verdad es que el legado de los sofistas en la cultura occidental es innegable y no tan manchado de carices negativos como mucha gente cree.

Un sofista es un profesional del saber. Mientras que la palabra sofos (sabio) denota un estado y la palabra filósofo (amante de la filosofía) una aspiración, la palabra sofista designa una profesión. Los sofistas eran al saber lo que un carpintero es a la madera. A grandes rasgos, a lo que se dedicaban los sofistas era a acumular conocimientos para posteriormente comerciar con ellos; se dedicaban a la enseñanza.

Un sofista es lo que hoy en día llamaríamos un maestro, pero al contrario que los maestros de filosofía que había habido hasta la fecha, los sofistas no tenían discípulos, sino alumnos. La diferencia parece pequeña pero es notoria: los maestros filósofos anteriores impartían sus enseñanzas en pequeños círculos muy íntimos de discípulos, a los que la mayoría de las veces ellos elegían, mientras que los sofistas vendían sus enseñanzas al mejor postor.

sofista

Además también eran muchas las diferencias que había entre la enseñanza de los filósofos, destinada a entender el origen y las leyes del cosmos, y la de los sofistas, una enseñanza eminentemente técnica y especializada y orientada a cosechar éxitos personales en la arena política de la democracia ateniense. Esto lo podemos ver muy bien en los diálogos de Platón, en los que encontramos a Protágoras como un maestro de política, o a Gorgias como un instructor de retórica. Mientras que el saber que trasmiten los filósofos es de carácter especulativo, el que trasmiten los sofistas es de carácter práctico.

Una de las características más importantes de los sofistas, y una de las que más les distingue de los filósofos presocráticos, es que a los sofistas no les preocupa lo más mínimo buscar el arkhé, pues asumen que no hay nada fijo, ni estable. Como decía Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Esta sentencia describe a la perfección el subjetivismo de los sofistas. Para ellos no existe una verdad absoluta ni objetiva; las cosas son como cada sujeto las percibe. Eran también muy escépticos: afirmaban que el conocimiento humano era imperfecto, lo que implicaba que no se puede conocer nada con certeza.

Una de las características de los sofistas que más rechazo causaba entre los sectores más conservadores de Atenas era la total indiferencia que mostraban ante los asuntos morales y religiosos. Pensaban que al no existir una verdad objetiva, tampoco existía un bien y un mal propiamente dichos, lo cual suponía que tampoco existan normas trascendentes de conducta. Los sofistas sostenían que las leyes carecían de fundamentos divinos o naturales y afirmaban que estas no eran más que simples convenciones humanas destinadas a facilitar la vida en sociedad. Desde su punto de vista, no existían leyes sagradas ni inmutables. Siendo auténticos maestros de la dialéctica y la retórica, podían hacer “buena” cualquier causa por abominable que fuese o pareciese. Hacían verdaderos malabarismos intelectuales para justificar sus puntos de vista, que a veces podían ser realmente descabellados. Esto les acarreó gran parte de la mala fama de la que gozan hoy en día.

Los atenienses, quienes despreciaban el trabajo retribuido, consideraban degradante que estos sujetos vendiesen sus lecciones por dinero, siendo esta otra de las causas del rechazo que provocaban entonces. A pesar de todo, los sofistas eran unos humanistas. Es cierto que no les importaba mucho el hombre como tal, sino el hombre político, pero aun así, ellos fueron los primeros pensadores que centraron toda su atención en el ser humano y sus problemas.