Pico della Mirándola y su doctrina sobre la dignidad del hombre es un genial ejemplo para introducirse en el pensamiento renacentista.

Renacimiento es un término que se acuñó en el siglo XIX para nombrar y describir aquel fenómeno que surgió en Italia en el siglo XIV y que poco a poco se fue expandiendo por el resto de Europa. Con el Renacimiento aparece una nueva cultura y nuevas maneras de entender el mundo y la vida opuestas a las medievales. La llegada y la expansión del Renacimiento fue marcando poco a poco el fin de la Edad Media y los inicios de la Era Moderna.

Los intelectuales y artistas de esta época trataron de hacer renacer la cultura y los ideales del mundo antiguo. Podemos observar a simple vista cómo las esculturas de artistas como Miguel Ángel nos recuerdan a las antiguas estatuas griegas y romanas, o como aparecen los viejos mitos en los cuadros de Tiziano o Botticelli.

En esta época, el eje a través del que va girar toda la vida intelectual va a pasar de ser Dios, como lo fue en la Edad Media, a ser el hombre, surgiendo así el humanismo. Pico della Mirándola (14631494) fue una de las voces más tempranas y más importantes del incipiente humanismo y su Tratado acerca de la dignidad del hombre sigue siendo toda una obra de referencia.

Pico fue todo un hombre del Renacimiento, estudió con afán la lengua hebrea, el árabe y el caldeo, lo cual le permitió acceder a una gran cantidad de textos antiguos de otras culturas y abrir su mente. La principal aspiración de Pico era conciliar la religión con la ciencia y la filosofía, y para conseguir este
objetivo recurrió a la cábala, un saber místico hebreo que consistía en una supuesta revelación divina que permitiría al pueblo elegido conocer mejor a Dios y comprender correctamente los textos sagrados.

Cómo podemos observar, Dios y la religión todavía tienen un papel muy importante en la filosofía, pues el cambio del eje de Dios al hombre no fue inmediato, sino progresivo. En el Tratado acerca de la dignidad del hombre , Pico nos dice que la grandeza del ser humano reside en la capacidad que tiene para forjar y dar forma a su propia esencia. Nos cuenta como Dios, en el momento de la creación dio a todos los seres una esencia determinada que no pueden cambiar: dio irracionalidad a los animales, divinidad a los ángeles… Todos estos seres tienen esencias únicas e inamovibles. Pero el ser humano es distinto, pues Dios puso en él la semilla de todas las cosas, dándole la posibilidad de ser como este quiera, de elegir libremente.

Dependiendo de cuál de estas semillas cuide, el hombre podrá vivir como un animal irracional, como un ser racional o incluso como un ser angélico si se lo propone. Todo depende de que facetas decida desarrollar.