El estoicismo nació en Atenas prácticamente a la par que el epicureísmo, siendo fundado por Zenón de Kition. Un pensador estoico clave fue Séneca.

El estoicismo tuvo vigencia a lo largo todo lo que duró la antigüedad y gozó de una popularidad inmensa entre los romanos. De hecho, una de las figuras más importantes del estoicismo fue el mismísimo emperador Marco Aurelio, que nos legó uno de los escritos más bellos de la historia de la filosofía: sus Meditaciones.

Si bien la física y la teoría del conocimiento de los epicúreos eran un calco de la de Demócrito, el estoicismo toma prestados muchos elementos del sistema de Heráclito. Y al igual que lo fue para los hedonistas, la ética fue el punto al que más importancia dieron los filósofos estoicos.

Al igual que Heráclito, los estoicos pensaban que el devenir del mundo estaba regido por un logos o razón universal. El ideal ético estoico dicta que el hombre debe poner en sintonía su propia razón con la razón universal. Debe ser la razón y no los impulsos o los sentidos lo que guíe las acciones de los hombres.

Esta ética no es teleológica, es una ética del deber, pues el estoico no espera ningún fin de sus actos. El sino del mundo ya ha sido determinado por el logos y todo lo que debe de hacer el hombre sabio es resignarse a cumplir con su destino obrando según los dictados de la razón. El estoico ha de alcanzar un estado de control total de sus emociones, conocido como apatheia, para poder mantenerse imperturbable ante los golpes que le depare el destino.

Uno de los más grandes entre los pensadores estoicos fue Lucio Anneo Séneca, un patricio romano de origen cordobés. Séneca fue uno de los hombres más ricos e influyentes del Imperio Romano. Fue el preceptor del emperador Nerón durante la juventud de este y uno de sus más queridos consejeros.

Este filósofo tuvo una gran cantidad de enemigos en la corte de Nerón y en la alta sociedad romana, pues le veían como un hipócrita que vivía rodeado de riquezas mientras predicaba la austeridad y la autosuficiencia. Pero lo cierto es que, al igual que hizo Marco Aurelio, demostró que se puede tener poder y riquezas sin darles importancia ni volverse dependiente de ellas.

En varias de sus Epístolas morales a Lucilo, Séneca menciona uno de los más bellos y útiles conceptos de la historia del pensamiento: el exilio interior. Con este concepto, Séneca redescribe el ideal clásico de apatheia diciéndonos que no busquemos la paz y la calma en terceras personas o en lugares hermosos. Nos invita a mirar en nuestro interior y a buscar allí la sensación de inmutabilidad que habremos de evocar cuando las circunstancias vitales nos sean insoportables.

Al igual que Sócrates, Séneca tuvo un final trágico que supo afrontar con valentía. Los roces que tuvo con el emperador y las intrigas de sus rivales terminaron por hacer que Nerón invitara a Séneca a suicidarse. El viejo sabio reunió a todos sus seres queridos en su casa, disfruto de su compañía por última vez y se fue en paz.