Martín Lutero comenzó la Reforma Protestante en el siglo XVI, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes y controvertidas de la historia cristiana.

A finales de la edad media, la Iglesia Católica gozaba de un enorme poder tanto terrenal como espiritual. El mismísimo Papa de Roma era por aquel entonces un poderosísimo jefe de estado cuya influencia se dejaba sentir en todos los países de Europa. El Papa, a través de sus obispos, era capaz de entrometerse en los asuntos políticos de cualquier reino y además tenía la potestad de excomulgar y desautorizar a los monarcas. En el Sacro Imperio Romano, (lo que hoy es Alemania) no eran para nada infrecuentes las disputas entre los emperadores y el pontífice. En este territorio, el Papa tenía autoridad para cobrar impuestos a los ciudadanos. Esta situación generaba una tremenda sensación de descontento en el pueblo alemán, pero lo que terminó de encender la mecha de las revueltas fue la venta de indulgencias por parte de la Iglesia.

Harto de esta situación, Martín Lutero, que por aquel entonces era un monje desconocido, redactó sus famosas “95 tesis” y las clavó en la puerta de la Iglesia de Wütemberg dando así comienzo a la reforma protestante.

En sus tesis, en un principio planteadas como una crítica la venta de indulgencias, argumentaba que el sacerdote sobra como intermediario entre Dios el hombre y que este no tiene autoridad ni poder para conceder el perdón divino. Lutero planteó por primera vez el concepto de “sacerdocio universal de todos los bautizados”.

Lutero también defendía que todos los hombres tenían derecho a estudiar la Biblia y a interpretarla por sí mismos y promovió la traducción y la difusión de biblias en alemán. Esto puede sonarnos a nosotros como algo normal, pero por aquel entonces el estudio de la Biblia era un privilegio exclusivo de los sacerdotes y era considerado un sacrilegio traducirla.

El punto más controvertido de la doctrina luterana es que, mientras que la Iglesia Católica decía que la salvación se obtenía a través de la fe y de los actos, Lutero afirmaba que la salvación se daba únicamente por la fe.

La relación de Lutero con la filosofía fue realmente nefasta. Trató de romper radicalmente con toda la tradición grecorromana. Decía que el hecho de filosofar era un vicio y un acto de soberbia y equiparaba a Aristóteles con el mismísimo demonio. No había ningún lugar para la razón en la doctrina luterana. El propio Lutero llegó a definir a la razón como una prostituta al servicio del diablo. La única fuente de conocimiento válida, según él, eran las escrituras sagradas, que debían interpretarse literalmente.

Los príncipes de los estados alemanes vieron una oportunidad de oro en el intento de reforma luterana para desafiar al poder del emperador y dejar de pagar impuestos al Papa. Con la conversión de estos príncipes al protestantismo comenzó una era de sangrientas guerras de religión que asolaron Europa durante siglos.

Detrás de Martín Lutero vinieron otros reformistas y monarcas oportunistas que fragmentaron aún más a la cristiandad. Entre estos hay que destacar a Ulrich Zwinglio, Calvino y al Rey Enrique VIII.