El fin que perseguía Aristóteles era la felicidad, pero cualquiera que conozca el sistema aristotélico podrá hacer uso de estas virtudes para alcanzar el fin que desee.
Aristóteles nació y pasó sus primeros años de vida en Macedonia, pero fue mandado por su padre, médico de la realeza, a Atenas para ser instruido por algún sofista. Sin embargo, el joven Aristóteles terminó engrosando las filas de la Academia y siendo el discípulo de Platón que más fama alcanzó. Estuvo al lado de Platón hasta la muerte de este, momento en el que el protagonista de esta historia, ya con treinta y siete años, volvió a su patria, junto a otros académicos que le acompañaron, para encargarse de la educación del joven Alejandro Magno. Cuando regresó a Atenas fundó su propia escuela: el Liceo.
Con la llegada de Aristóteles, la filosofía adquiere un tono mucho más grave, riguroso y sistemático que el que tuvo hasta ese momento y que no volvió a alcanzar hasta ya bien entrada le Edad Media.
A día de hoy, el pensamiento ético de este autor sigue siendo bastante fresco y relevante. La ética de Aristóteles es de carácter teleológico, es decir, significa que persigue un fin. Aristóteles dice que el fin último al que aspira el ser humano con sus actos es la eudaimonía, que en castellano significa felicidad, y considera virtuoso todo acto que, impulsado por la inteligencia, nos conduce a este fin. Este filósofo no considera feliz a quien lo ha sido un día, sino a quién ha tenido una vida feliz. La vida feliz la alcanzan aquellos quienes han convertido a la virtud en un hábito; un hombre sabio y feliz es aquel que ha forjado su carácter y que dispone de músculo moral para actuar conforme a la virtud siempre.
Aristóteles distingue entre dos clases de virtudes:
- Virtudes de carácter: relacionadas con la fuerza de voluntad necesaria para crear los buenos hábitos que se han de integrar en nuestro carácter. La moderación, la amabilidad, la valentía y la generosidad son buenos ejemplos a la hora de describir estas virtudes.
- Virtudes de intelecto: son las que nos ayudan a elegir correctamente qué acciones debemos llevar a cabo y cuáles no. Buenos ejemplos de virtudes de intelecto serían la sabiduría y la prudencia. La prudencia, o prhronesis, es la virtud a la que Aristóteles daba más importancia.El fin que perseguía Aristóteles era la felicidad, pero cualquiera que conozca el sistema aristotélico podrá hacer uso de estas virtudes para alcanzar el fin que desee.

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